lunes, 11 de marzo de 2019
Ayuno ayuda
Hagamos un esquema de lo que puede suceder durante un ayuno:
Primeros días (hasta el 4º aproximadamente): posiblemente echará de menos la comida, sentirá ruidos en su estómago y tendrá extrañas sensaciones digestivas que le harán pensar que sería mejor comer algo. ¡No coma!, se calman esas sensaciones simplemente bebiendo agua. Tendrá la lengua sucia, le olerá el aliento y probablemente le duela la cabeza y se sentirá débil.
A partir del 4º día: ya no sentirá hambre. Es más, se sentirá mucho más relajado y con una sensación de energía que seguro no se esperaba. Pero, atención, comenzarán procesos depurativos intensos: mucosidades, expectoración, flujo vaginal, heces malolientes... ¡No interrumpa el ayuno en una fase de eliminación intensa! Imagínese lo bien que llegará a encontrarse cuando todos esos desechos sean eliminados completamente de su cuerpo.
Normalmente un ayuno de once días es suficiente pero... ¿qué pasa si no siente el deseo de comer? Sencillamente, no pasa nada. Significa que su cuerpo no se ha repuesto todavía. Debe esperar a tener hambre. Recuerde que no estamos hablando en este libro de bronquitis o de cálculos biliares. Estamos hablando de situaciones que comprometen su vida y usted se está proponiendo resolverlas.
Preguntará usted... ¿no puedo llegar a morirme de hambre? Le diré: ¿no puede llegar a morirse de cáncer? Pero no se enfade, no pretendo que se muera de hambre. Seguramente sabrá que una persona puede pasarse mucho tiempo sin comer. Ghandi mantuvo ayunos de hasta noventa días, Jesucristo parece que ayunó cuarenta días. Usted no es ninguno de ellos, ya lo sé; sin embargo es habitual que las personas que practican seriamente un ayuno terapéutico lleguen a mantenerlo treinta y más días. Y no se deriva ningún efecto negativo de ello, sino todo lo contrario
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