miércoles, 1 de agosto de 2012

cuidemos nuestro lenguaje

Lo que el padre dice: “No tenemos dinero para eso”.
Lo que el niño entiende: “El dinero resuelve todo”.
Es mejor decir: “Qué lindos juguetes venden en este negocio, pero ya tenemos muchos en la casa y no vamos a llevar ninguno más”.
¿De veras cree que su hija necesita una muñeca o un videojuego más? Seguramente no. Pero si siempre le dice que la falta de dinero es la única razón por la que no puede tener algo, la hace pensar que el dinero es la fuente de todo lo bueno de la vida. Si a esto sumamos el bombardeo publicitario al que están expuestos los chicos, jamás aprenderán el significado del exceso ni el de la gratitud.
“Es deseable que los niños adquieran la noción de abundancia al cumplir los cinco años de edad, pero no en el sentido material, sino haciéndoles ver que lo que ya poseen les trae alegría”, señala Marcy Axness, especialista en desarrollo infantil.
Las finanzas son uno de los pocos temas que los padres no deberían sentirse obligados a discutir o explicar, sobre todo a niños pequeños, añade Axness. “Si a cada petición se responde con una lista de razones por las que el chico no puede tener tal cosa o ir a tal lugar, al final se saldrá con la suya”. No tenga miedo de decirle con firmeza a su hijo: “No, lo lamento. Olvídalo”.
¿Y si la que pide algo es una niña ma-yor que ya conoce el valor del dinero? Piensen juntos en un plan que les permita hacer la compra. El objeto deseado podría ser un premio por obtener mejores calificaciones, o un pago por ayudar más tiempo en los quehaceres domésticos. Hablar sobre el asunto importa más que lo que cada cual aporte para alcanzar la meta.